Analistas exploran cómo diversificar carteras frente a la depreciación de la divisa estadounidense y qué mercados ofrecen hoy mejores refugios.
La fortaleza incuestionable de la que gozó el dólar estadounidense parece estar resquebrajándose. En un contexto donde la política monetaria de la Reserva Federal (Fed) comienza a mostrar fisuras y los diferenciales de tipos con otras economías se estrechan, el inversor global se enfrenta a una pregunta crítica: ¿qué hacer cuando el refugio por excelencia deja de serlo? La debilidad actual del dólar no es solo un fenómeno pasajero, sino una señal de ajuste macroeconómico que obliga a repensar la exposición a activos denominados en esta moneda.
El cambio de ciclo en el mercado de divisas
Históricamente, el dólar ha funcionado como el puerto seguro en tiempos de tormenta. Sin embargo, los últimos datos sugieren un cambio de tendencia. La moderación de la inflación en EE. UU. y la expectativa de que el ciclo de endurecimiento monetario haya tocado techo han restado atractivo a los rendimientos del Tesoro. Cuando los tipos de interés bajan o se estabilizan, el capital tiende a buscar pastos más verdes —y con mayores retornos— en otras geografías.
Expertos del sector señalan que este escenario de debilidad del «billete verde» actúa como un catalizador para otros activos. Las divisas de mercados emergentes, por ejemplo, suelen verse beneficiadas, ya que sus deudas denominadas en dólares se vuelven más fáciles de gestionar y sus exportaciones ganan competitividad. No obstante, el camino no está exento de volatilidad.
Opciones estratégicas para el inversor
Ante este panorama, la curación de carteras se vuelve vital. Aquí se desglosan las principales rutas que están tomando los gestores de activos:
- Apuesta por el Euro y la Libra: Con el BCE y el Banco de Inglaterra manteniendo una postura a menudo más rígida que la Fed, las divisas europeas han recuperado terreno. La inversión en renta variable europea con cobertura de divisa o directamente en activos locales se presenta como una opción para capturar este diferencial.
- Mercados Emergentes: Países con sólidos fundamentos macroeconómicos y bancos centrales que se anticiparon a la subida de tipos están ahora en una posición de ventaja. La renta fija emergente, especialmente la emitida en moneda local, ofrece rentabilidades atractivas que podrían verse potenciadas por la apreciación de sus divisas frente al dólar.
- Materias Primas y Oro: Existe una correlación inversa histórica entre el dólar y los commodities. Un dólar débil suele abaratar el petróleo, el cobre y el oro para compradores con otras monedas, impulsando su demanda y, por ende, su precio. El oro, en particular, reafirma su estatus de reserva de valor cuando la confianza en la moneda estadounidense flaquea.
El factor riesgo: La geopolítica y el déficit
No se puede obviar que la debilidad del dólar también responde a factores estructurales. El creciente déficit fiscal de EE. UU. y el proceso de «desdolarización» iniciado por bloques como los BRICS introducen un ruido de fondo que no existía hace una década. Aunque el dólar no perderá su estatus de moneda de reserva mundial de la noche a la mañana, el proceso de diversificación global es real y está en marcha.
Los inversores deben, por tanto, vigilar los niveles de soporte técnico del índice dólar (DXY). Una ruptura persistente por debajo de ciertos niveles clave podría desencadenar una salida de capitales hacia activos de mayor riesgo (el famoso risk-on), beneficiando a las bolsas de países desarrollados fuera de EE. UU. y a los sectores tecnológicos con fuerte presencia internacional.
En Clave La pérdida de tracción del dólar representa una oportunidad histórica para reequilibrar carteras que han estado excesivamente sesgadas hacia el mercado estadounidense durante la última década. Por qué importa: un dólar más débil suaviza las condiciones financieras globales y puede ser el «balón de oxígeno» que necesitan las economías en desarrollo para despegar en 2026. La previsión es que veamos un mercado mucho más multipolar, donde la gestión activa de la divisa sea tan determinante para la rentabilidad final como la selección de las propias acciones o bonos.



